Murió Felipe de Edimburgo: a los 99 años de edad

Vivió una infancia pobre y en el exilio, se casó por amor, pero debió aprender a vivir a la sombra de su esposa, que también era la reina. Atravesó un vínculo complejo con su hijo primogénito, pero logró formar lo que nunca tuvo: una familia. Tenía 99 años

Medios internacionales informan la muerte del Príncipe Felipe, esposo de la Reina Isabel II.

Según Reuters, el duque de Edimburgo murió «pacíficamente» la mañana de este viernes en el Castillo de Windsor.

«Es con profundo pesar que Su Majestad la Reina anuncia la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo», informó el palacio en un comunicado.

«Su Alteza Real falleció pacíficamente esta mañana en el Castillo de Windsor. Se harán más anuncios a su debido tiempo. La Familia Real se une a personas de todo el mundo para lamentar su pérdida», termina el documento.

Historia

El 20 de noviembre de 1947, dos años después de terminada la guerra, Felipe se casaba con Isabel. El novio le regaló a su futura esposa un brazalete de diamantes diseñado por él y la promesa de dejar de fumar. Recibieron 10 mil telegramas de felicitaciones y 2500 regalos de todo el mundo que iban desde una máquina de coser hasta un caballo de carreras; una cabaña de caza en Kenia; un televisor, un juego de café de oro; un abrigo de visón; cristales y vajillas poco comunes. Isabel llevó un vestido realizado por 25 costureras y 10 bordadoras. Para dar el ejemplo pagó una parte con cupones de racionamiento. Felipe vistió su uniforme naval.

En 1949 Felipe fue enviado a Malta. El matrimonio se instaló en Villa Guardamangia. Vivían felices, sin embargo Felipe de vez en cuando mostraba que detrás de sus ademanes de caballero había un hombre de temperamento complejo. “¿Es qué todavía no es suficiente?”, protestó molesto cierta vez harto de posar para unos fotógrafos. “Felipe, solo están haciendo su trabajo. Ahora que te casaste conmigo, tendrás que acostumbrarte”, cuenta la leyenda que le respondió su mujer. Pese al mal carácter de su marido, Isabel lo amaba y él valoraba que ella por fin le daba lo que nunca había conocido: una familia.

La relación parecía armoniosa pero en 1952, Isabel tuvo que suceder a su padre. La que era princesa se transformó en reina y su marido en príncipe consorte. El problema es que Felipe descubrió que mientras su mujer reinaba, él no tenía mucho más trabajo que acompañarla como un marido ejemplar o también como un lindo adorno. Para casarse con ella debió renunciar a su religión que era la ortodoxa griega y perdió el título de príncipe de Grecia a cambio le dieron el de duque de Edimburgo.

Ya como príncipe consorte preguntó si podía quedarse en la marina y le respondieron que no. Palabras más palabras menos le informaron que debía limitarse a acompañar a la monarca calladito y modosito y siempre caminando tres pasos por detrás de su esposa. No era por patriarcado, matriarcado, machismo ni feminismo sino por algo mucho más anacrónico y rígido: por protocolo.

En 2017, Felipe decidió retirarse de la vida pública. Se dejó ver en algunos eventos familiares como el festejo de su aniversario de bodas número ¡setenta! El 17 de febrero de 2021. A pocos meses de cumplir 100 años fue internado en el hospital privado King Edward VII en Londres “como medida de precaución” tras “sentirse mal”.

Alguna vez le preguntaron sobre el secreto de su longevo matrimonio y respondió “La tolerancia es el ingrediente esencial. La Reina tiene la cualidad de la tolerancia en abundancia”. Si ella fue tolerante hay que reconocerle a Felipe su capacidad de renunciar a todo protagonismo para acompañarla o simplemente para agradecerle que aunque como reina no le dio trono ni reino, como esposa le dio amor y sobre todo una familia tan humana como real.

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